LA NIÑEZ DE ROSARITO

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Estuvimos hablando con Rosario Díaz Muñoz, como transitó los años dorados, por la urbanización del campo a la ciudad.

La primera pregunta que le hago es como vivió ese cambio del campo a la ciudad, y me comento que ellos tenían  la posibilidad de viajar a la ciudad, pero dejaron de ir, y cuando volvieron desconocía el lugar por la cantidad de población que había. Al avanzar la entrevista le pregunto qué hacia su familia : “el que trabajaba era mi padre y nosotras teníamos la responsabilidad de acomodar todo para que cuando él llegue esté todo limpio, era una forma de hacerle notar su esfuerzo. Así nos crió nuestra madre, cuando ella empezó a trabajar mi papá no le gustaba la idea de que lo haga porque la plata alcanzaba, lo cual mi hermana y yo limpiábamos todo”, recalcó.

En el transcurso de la charla, Rosarito nombró a sus abuelos que eran supremos , “no es como ahora que se les puede contestar” nosotras le teníamos tremendo respeto a ellos, una mirada mal que le hacíamos y nos castigaban porque mis padres nos recalcaron que hay que respetarlos siempre y agradecerles porque ellos nos ayudaron a que podamos ir a la escuela. Para eso debimos irnos a la ciudad a estudiar porque en el campo no había escuelas, por suerte tuvimos una enseñanza muy buena gracias a mis abuelos y por eso el respeto hacia ellos. Ellos eran españoles y vinieron de chiquitos para Argentina.

Me interesó volver a tocar el tema del trabajo de la mujer y le pregunté si su papá no la dejaba a su mamá por algo en especial y me respondió no. “Él no quería que mamá trabaje, porque ella nos tenía que cuidar y educar, prefería que trabaje mi hermana mayor. Eso nunca se lo preguntamos porque, no es como ahora que podés preguntar cualquier cosa, pero si mi mama trabajaba y habían muchos lugares de trabajo para las mujeres su mayoría en las estancias.

Sus mayores entretenimientos eran escuchar la radio y aprender a coser y a cocinar, no nos aburríamos siempre teníamos algo para hacer. Al ir terminando con la entrevista le pregunté como la pasaban en esa época: ” la pasábamos muy bien, comíamos lo que queríamos pero no en abundancia, para mí fue una época de aprendizaje porque empezamos a urbanizarnos nosotros también, era un nuevo comienzo porque no veíamos muchas personas viviendo en el campo”

La última pregunta que le hice fue si siempre vivieron en General Daniel Cerri y me dijo que no. “A Cerri vine cuando conocí a mi esposo que trabajaba en el pueblo, y ahora mis hijos viven aquí”. Por último me comentó que ella quiere darle todos a sus nietos y familia como lo hizo su padre.

Gracias Rosarito por el tiempo. Se nota su alegría al contar su historia, una señora ya con 86 años y que no pierde su sonrisa, una historia llena de felicidad para ella y así nos las pudo compartir.