La pasión: el arma de doble filo de los argentinos.

Por Lucas Fabián Prieto.

En su sentido más estricto, la pasión es la afición vehemente hacia algo. Por ejemplo, “los autos son mi pasión”. También la inclinación muy fuerte de alguien hacia otra persona (“Te amo con pasión”). Asimismo, en el ámbito profesional, alguien apasionado es alguien que ama su trabajo de una forma en la que quienes la rodean no pueden entenderlo. De esta manera, le permite crecer y realizarse como persona, de la forma en la que él decidió y haciendo lo que siente que tiene que hacer. No puede entenderse que dicho sentimiento le haga daño.

En Argentina, la pasión es más que una simple definición. Es algo que nos caracteriza, que nos identifica como sociedad. Va más allá de lo imaginable. En cualquier rincón del mundo, los argentinos somos reconocidos, entre otras cosas, por nuestra pasión. Sea por el fútbol, por la música, o cualquier otro ámbito en el que nos desarrollemos y tengamos un mínimo de conocimiento. Somos pasionales, es nuestra manera de vivir la vida, y también de entenderla.

Lamentablemente, en muchos casos solemos confundir esa pasión con el fanatismo, con la obsesión. Es justamente en este momento cuando se tergiversan las cosas. Nuestra perspectiva apasionada, muchas veces nos lleva a actuar de forma violenta y discriminatoria con quienes piensan diferente. Un claro ejemplo de esto es el fútbol, donde casi cualquier fin de semana trae aparejado un hecho de violencia.

Sin embargo, últimamente esta actitud se ha trasladado a todos los ámbitos. Hoy en día es muy difícil poder debatir de cualquier tema. Sea de política, de religión, de cuestiones sociales, o hasta de si mañana va a estar soleado o no. Desaparecieron los grises. Hoy es todo blanco o negro.

A modo de ejemplo, en la actualidad, nuestro país está prácticamente dividido entre macristas y kirchneristas. En esta división a nadie le interesa lo que piensa el otro, nadie quiere debatir en pos de un futuro mejor. Los kirchneristas piensan que nada de lo que hace Macri sirve. Los macristas creen que nada de lo que hicieron los Kirchner sirvió. Cuando en realidad no es así, los dos gobiernos tuvieron aciertos y errores. Esto no significa estar más o menos de acuerdo con alguno en particular. Por supuesto que cada persona tiene sus gustos y sus preferencias. Pero muchas veces es la pasión la que nos nubla la vista y nos hace actuar como seres irracionales, pensando que todo lo demás no es válido.

Lo anterior se puede entender como un ejemplo un tanto generalista. Simplemente es para ver cómo funciona la pasión a grandes rasgos, cómo nos hace perder objetividad y la capacidad de debate, que es una de las características más enriquecedoras  de la comunicación.

¿Se imaginan que aburrido sería el mundo si todos pensáramos iguales? ¿Si todos tuviésemos los mismos gustos? Por suerte no es así, y hay muchas personas que piensan o sienten de un modo diferente al nuestro. Hay que aprender a respetar y aceptar las opiniones, los pensamientos y sentimientos de los demás, estemos de acuerdo o no.

La pasión es hermosa, es muchas veces nuestro motor. Es lo que nos saca una sonrisa o nos ayuda a pasar un mal momento. Pero esto no debe confundirnos. Tenemos que ser capaces de poder discernir la pasión de la locura, y no caer en un fanatismo absurdo que no nos lleva a ningún lado, más que a pelearnos entre nosotros.